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AUTOBIOGRAFÍA DE JESUCRISTO-4.14 Parábola del sembrador. (Mt 13, 1-23; Mc 4, 1-20; Lc 8, 4-15)
Autor: EL EVANGELIO CONCORDADO


4.14 Parábola del sembrador. (Mt 13, 1-23; Mc 4, 1-20; Lc 8, 4-15)

Otro día, saliendo de casa, llegué a la orilla del mar y otra vez comencé a enseñar. Como concurriera muchísima gente, subí a una barca y sentado en ella, mar adentro, les hablaba mientras ellos estaban en la orilla. Comencé a enseñarles en parábolas, diciéndoles:

“Escuchad. He aquí que salió el sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a la vera del camino y fue pisoteada, y los pájaros del cielo se la comieron. Otra parte cayó en los pedregales, donde no había mucha tierra, y al punto brotó por no tener profundidad el terreno; y en saliendo el sol se quemó, y por no tener raigambre ni humedad se secó. Y otra cayó en medio de espinas, y brotando juntamente con las espinas, la ahogaron y no dio fruto. Y otras partes cayeron en tierra buena y daban fruto que subía y crecía, y rendían una treinta, y una sesenta y una ciento. ¡Quien tenga oídos para oír, escuche!”

Quedando a solas con mis discípulos, me preguntaban:

“¿Por qué les hablas en parábolas? ¿Y qué significa ésta parábola?”

Les dije:

“A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los cielos, mas a ellos, los de fuera, no les ha sido dado, todo se les presenta en parábolas. Porque a quien tiene, se le dará, y andará sobrado; mas a quien no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por esto les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: “Con el oído escucharéis y no entenderéis; y mirando miraréis y no veréis. Porque se apelmazó el corazón de este pueblo, y con sus oídos oyeron torpemente, y entornaron sus ojos; no sea caso que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, ¡cuando Yo los sanaría!”. En cuanto a vosotros, ¡dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos porque oyen! Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron y oír lo que oís, y no lo oyeron. ¿No entendéis esta parábola? ¿Y cómo entenderéis todas las demás parábolas? Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:



La semilla es la palabra de Dios. Quienquiera que oye la palabra del Reino y no la entiende, viene el diablo, Satanás, y roba lo sembrado en su corazón, no sea que, creyendo, se salve: éste es el sembrado a la vera del camino. El sembrado en los pedregales, éste es el que oye la palabra y luego la recibe con gozo; mas no tiene en sí mismo raigambre, sino que es efímero y crece por algún tiempo, pero después, en sobreviniendo tribulación o persecución por razón de la palabra, al punto se escandaliza y retira. El sembrado entre espinas, este es el que oye la palabra; y la preocupación por este mundo, y las solicitudes del siglo, las ansiedades, la seducción de las riquezas, y las codicias, acerca de las demás cosas, entrando, ahogan la palabra, y ésta se hace infructuosa. Mas el sembrado en la tierra buena, éste es el que con corazón bueno y excelente, oye la palabra y la recibe, la entiende y la retiene, el cual ciertamente fructifica y lleva fruto con su constancia y produce, cuál ciento, cuál sesenta, cuál treinta por uno.


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"Bendígote, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque encubriste estas cosas a los sabios y prudentes y las descrubiste a los pequeñuelos. Bien, Padre, que así ha parecido bien en tu acatamiento". (Lc 10,21).







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