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AUTOBIOGRAFÍA DE JESUCRISTO-4.28 Enseñanza y rechazo en Nazaret, mi pueblo. (Mt 13, 53-58; Mc 6, 1-6; Lc 4, 16-30)
Autor: EL EVANGELIO CONCORDADO


4.28 Enseñanza y rechazo en Nazaret, mi pueblo. (Mt 13, 53-58; Mc 6, 1-6; Lc 4, 16-30)

Al cabo de unos días salí de allí y me fui a Nazaret, mi patria, donde me había criado, acompañándome mis discípulos. Venido el día de sábado, entré según mi costumbre en la sinagoga y fui invitado a leer. Me fue entregado el libro del profeta Isaías, y abriéndolo hallé el lugar en que está escrito:

“El Espíritu del Señor sobre mí: por lo cual me ungió, me envió para evangelizar a los pobres, para sanar a los contritos de corazón, para anunciar a los cautivos remisión y a los ciegos vista, para dar libertad a los oprimidos, para proclamar un año de gracia del Señor y un día de justa recompensa”.

Y habiendo enrollado el volumen, lo entregué al ministro y me senté. Los ojos de todos en la sinagoga estaban clavados en mí. Y comencé a decirles:

“Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”.

Todos daban testimonio a mi favor y se maravillaban de las palabras de gracia que salían de mis labios; y los más, al oírme, se asombraban, diciendo:

“¿De dónde a este estas cosas? Y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada, y tales milagros obrados por sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de José el carpintero? ¿No se llama su Madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No están todos entre nosotros? ¿De dónde, pues, a este todas éstas cosas?”

Se escandalizaban de mí; mas Yo les dije:

“Indudablemente me aplicaréis este proverbio: “Médico cúrate a ti mismo”. Cuantas cosas hemos oído hechas en Cafarnaúm, hazlas también aquí en tu patria. En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su patria, en su casa y entre sus parientes. En verdad os digo, muchas viudas había por los días de Elías en Israel, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, con que vino grande hambre sobre toda la tierra, y a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a Sarepta, ciudad de Sidonia, a una mujer viuda. Y muchos leprosos había en Israel al tiempo de Eliseo profeta, y ninguno de ellos fue curado sino Naamán el sirio”.

Se llenaron de cólera todos en la sinagoga al oír estas cosas. Y levantándose me llevaron fuera de la ciudad, hasta la cima del monte sobre el cual estaba edificada, con intento de despeñarme; mas Yo, pasando por en medio de ellos me fui.



No obré muchos milagros a causa de su incredulidad, salvo algunos enfermos que curaron al imponerles las manos. Quedé maravillado de su incredulidad.

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"Bendígote, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque encubriste estas cosas a los sabios y prudentes y las descrubiste a los pequeñuelos. Bien, Padre, que así ha parecido bien en tu acatamiento". (Lc 10,21).







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