AUTOBIOGRAFÍA DE JESUCRISTO-4.33 Primera multiplicación de los panes. (Mt 14, 13-23; Mc 6, 33-46; Lc 9, 11-17; Jn 6, 2-15)
Autor:
EL EVANGELIO CONCORDADO
4.33 Primera multiplicación de los panes. (Mt 14, 13-23; Mc 6, 33-46; Lc 9, 11-17; Jn 6, 2-15)
El día empezó a declinar; venido el atardecer y siendo ya muy avanzada la hora, llegáronse a mí los Doce y me dijeron:
“El lugar es solitario y la hora ya muy avanzada: despídelos, para que yendo a los cortijos y aldeas del contorno puedan albergarse y comprarse algo de comer”.
Respondiéndoles les dije:
“No tienen necesidad de marcharse; dadle vosotros de comer”.
Me dijeron:
“¿Habremos de ir a comprar panes por doscientos denarios y les daremos de comer?”
Dirigiéndome a Felipe, le pregunté para probarle, pues bien sabía Yo lo que iba a hacer:
“¿De dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?”
Respondió Felipe:
“Con doscientos denarios no tienen suficientes panes para que cada uno tome un bocado”.
Dije entonces a mis discípulos:
“¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo”.
Lo averiguaron y díjome Andrés, el hermano de Simón Pedro:
“Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos: pero eso, ¿qué es para tantos? Si no vamos nosotros a comprar comida para todo este gentío…”
Les dije:
“Traédmelos acá. Haced que los hombres se coloquen en el suelo”.
Así lo hicieron. Había mucha hierba en aquel lugar. Y se recostaron distribuidos en cuadros por grupos de cincuenta y de ciento. Eran los hombres, sin contar las mujeres y los niños, como unos cinco mil.(63) Tomé los cinco panes y los dos peces y alzando los ojos al cielo recité la bendición y los bendije y partiéndolos los fui dando a mis discípulos(64) que a su vez lo servían a la gente que estaban recostados. También los dos peces se dieron a cuantos querían. Y comieron todos y quedaron saciados. Cuando hubieron quedado satisfechos les dije a mis discípulos:
“Recoged los pedazos sobrantes para que nada se pierda”.
Recogiéronlos, pues, llenando doce canastas con los pedazos de los cinco panes y dos peces que sobraron a los que habían comido.
Los hombres, pues, al ver(65) el prodigio que obré, decían:
“¡Este es verdaderamente el Profeta que ha de venir al mundo!”
Conociendo sus intenciones de arrebatarme para hacerme Rey, obligué inmediatamente y con apremio(66) a mis discípulos para que se subieran a la barca y se me adelantasen con rumbo a la ribera opuesta hacia Betsaida, en tanto que Yo despedía a la gente. Calmada la muchedumbre y despedida, me retiré Yo solo al monte para orar.
Y entrada la noche seguía Yo solo allí, orando.(67)
(63) Posiblemente estamos ante una multitud que puede oscilar entre 15 y 20 mil personas.
(64) Debieron de multiplicarse los panes en las mismas manos de los discípulos.
(65) Contemplarían en las manos de los discípulos de Jesús los trozos de pan y pescado multiplicarse y no agotarse.
(66) A los discípulos les costó separarse de la multitud porque sus sentimientos eran terrenos, no conocían a su Divino Maestro.
(67) Ahora recuerdo la oferta del Tentador: “Si eres Hijo de Dios, di que éstas piedras se conviertan en panes.”
PULSE AQUÍ PARA IR AL APARTADO SIGUIENTE
PULSE AQUÍ PARA VOLVER AL ÍNDICE
PULSE SOBRE LA SECCIÓN DEL LIBRO QUE QUIERA LEER O IMPRIMIR
Le será más fácil descargar el Libro por partes. Solo tendrá que pulsar sobre los archivos que ve más abajo. En cualquier caso, si puede, le aconsejo que descargue el último archivo: "LIBRO COMPLETO".
El libro está paginado y configurado en formato A4. Deberá imprimirse por ambas caras. Los márgenes están debidamente dimensionados para que se pueda fotocopiar y encuadernar sin ningún problema. TODO ES GRATUITO.
Esta es, sin duda, la mejor opción. Tendrá que ser paciente en la descarga de este archivo ("La joya de la corona"), pero merece la pena. Tendrá el Libro en la pantalla de su ordenador con todas las páginas interactivadas con el INDICE, es decir, se puede mover, con un solo clic, por todos los apartados de esta AUTOBIOGRAFÍA DE JESUCRISTO, seleccionados a su libre albedrío.
"Bendígote, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque encubriste estas cosas a los sabios y prudentes y las descrubiste a los pequeñuelos. Bien, Padre, que así ha parecido bien en tu acatamiento". (Lc 10,21).