AUTOBIOGRAFÍA DE JESUCRISTO-4.35 Yo soy el Pan de la vida. (Jn 6, 22-72)
Autor:
EL EVANGELIO CONCORDADO
4.35 Yo soy el Pan de la vida. (Jn 6, 22-72)
La muchedumbre que estaba al otro lado del mar echó de ver que no había allí otra lancha, sino una, y que Yo no había entrado en la barca junto con mis discípulos, sino que ellos se habían marchado solos. Cuando vio, pues, la turba que ni Yo ni mis discípulos estábamos allí subieron a las lanchas y se dirigieron a Cafarnaúm en mi busca, y encontrándome me dijeron:
“Maestro, ¿cuándo has venido acá?”
Les respondí diciendo:
“En verdad, en verdad os digo: me buscáis, no porque visteis señales maravillosas, sino porque comisteis de los panes y os hartasteis. Trabajad no por el manjar que perece, sino por el que dura hasta la vida eterna, el que os da el Hijo del hombre; porque a Este, el Padre, Dios mismo, acreditó con su sello”.
“¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?”
“Esta es la obra de Dios: que creáis en Aquel a quien el envió”.(72)
“¿Qué señal, pues, haces tú para que lo veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según que está escrito: “Pan venido del cielo les dio a comer”.
“En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio el pan bajado del cielo, sino mi Padre es quien os da el Pan verdadero, que viene del cielo; porque el Pan de Dios es el que desciende del cielo y da vida al mundo”.
“Señor, danos siempre ese pan”.
“Yo soy el Pan de la vida; el que viene a mí no padecerá hambre y el que cree en mí no padecerá sed jamás. Pero ya os dije que me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que viniere a mí no le echaré fuera; pues he bajado del cielo no para hacer mi propia voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que me dio no pierda nada, sino que lo resucite en el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna y lo resucite Yo en el último día”.
Murmuraban, pues, los judíos de mí, porque había dicho: “Yo soy el Pan bajado del cielo”, y decían:
“¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y cuya Madre nosotros conocemos? ¿Cómo dice ahora: “He bajado del cielo”?”
Les respondí diciendo:
“No murmuréis entre vosotros. Nadie puede venir a mí si no le trajere el Padre, que me envió; y Yo le resucitaré en el último día. Está escrito en los Profetas: “Y serán todos enseñados por Dios”. Todo el que oye al Padre y recibe sus enseñanzas, viene a mí. No que al Padre le haya visto alguien; sólo el que viene de parte de Dios, Ése es el que a visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el Pan de la vida. Vuestros padres en el desierto comieron el maná, y murieron; este es el Pan que baja del cielo, para quien comiere de el no muera.
Yo soy el Pan viviente, el que del cielo ha bajado;(73) quien comiere de éste Pan vivirá eternamente, y el Pan que Yo daré es mi carne por la vida del mundo”.
Disentían entre sí los judíos, diciendo:
“¿Cómo puede Éste darnos a comer su carne?”(74)
Les dije:
“En verdad, en verdad os digo: si no comiereis la carne del Hijo del hombre y bebiereis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadero manjar y mi sangre es verdadera bebida.(75) El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece y Yo en él. Como es Fuente de Vida el Padre, que me envió, y Yo vivo del Padre, así quien me come a mí, también él vivirá de mí.(76) Este es el Pan que bajó del cielo: no como el que comieron vuestros padres y murieron: el que come este Pan vivirá eternamente”.
Esto dije en Cafarnaúm, enseñando en la sinagoga. Muchos, pues, de mis discípulos, que lo oyeron dijeron:
“Duro es éste lenguaje. ¿Quién sufre el oírlo?”
Conociendo por mí mismo que mis discípulos, murmuraban de esto les dije:
“¿Esto os escandaliza? ¿Qué, si viereis al Hijo del hombre subir a donde estaba primero? El Espíritu es el que vivifica; la carne de nada aprovecha. Las palabras que Yo os he hablado son Espíritu y son Vida. Pero es que hay algunos de entre vosotros que no creen”.
Ya sabía Yo desde el principio quienes eran los que no creían y quién era el que me había de entregar. Les dije:
“Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí, si no le fuere concedido por mi Padre”.
Desde este momento, muchos de mis discípulos se volvieron atrás, y ya no andaban en mi compañía. Dije, pues, a los Doce:
“¿También vosotros queréis marcharos?”
Mas, Simón Pedro respondió:
“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y conocido que Tú eres el Santo de Dios”.
Les dije:
“¿Por ventura no os he elegido Yo a los Doce? Sin embargo, de vosotros uno es diablo”.
Me refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste era quien me había de entregar, con ser uno de los Doce.
(72) Les está demandando, por lo que han visto, que crean en Él y esto supone que acepten su divinidad.
(73) No lo entienden, pero tú y yo, amig lectora, amigo lector, si lo entendemos a dos mil años vista de estos hechos. Y ¿qué hemos visto hasta ahora? Pues hemos contemplado a un Hombre que, entre otros actos inexplicables, convierte el agua en vino, que cura a un leproso en el acto, a dos paralíticos, resucita a un joven en Naím y a una niña de doce años, al imperio de su voz calma la tempestad, expulsa de dos hombres una legión de demonios, con solo tocar su vestido una mujer recobra la salud, devuelve la vista a dos ciegos con fe, en sus manos se multiplican los panes y los peces hasta saciar más de quince mil personas, camina sobre el mar. Este Hombre dice haber bajado del cielo, que su Padre lo ha enviado y que este Padre no es ni más ni menos que Dios. ¡Este Hombre es el Hijo de Dios!
(74) Entendieron bien los que oían. Cristo está ofreciendo comer su carne.
(75) Insiste Cristo en que hemos de comer su carne y beber su sangre para vivir la eternidad. Mi razón no podría entender que Cristo se arrancara trozos de su carne y me los diera a comer. Así, más o menos, lo concibieron en su inteligencia los que oyéndole no le creyeron. Pero Cristo no insulta a la inteligencia del hombre y si Él dice dar su carne para la vida del mundo así hay que entenderlo, porque le avala su divinidad y nuestra Fe. Mas tarde, veremos que estas palabras se harán realidad en la Última Cena, se consumará el milagro del Amor en virtud del cual este Dios y Hombre hará posible que, a su mandato, el Pan que consagra y da a comer a sus Apóstoles sea ni más ni menos que Él mismo, con su carne, con su sangre, con su alma y su divinidad.
(76) Amiga lectora, amigo lector los acontecimientos se precipitan y ahora empezamos a entender que las palabras de Cristo son Espíritu y Vida. Creo en este Hombre que es mi Dios y vivo de este Hombre que es mi vida, mi Dios.
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"Bendígote, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque encubriste estas cosas a los sabios y prudentes y las descrubiste a los pequeñuelos. Bien, Padre, que así ha parecido bien en tu acatamiento". (Lc 10,21).
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