AUTOBIOGRAFÍA DE JESUCRISTO-8.02 Se consuma la traición. El prendimiento. (Mt 26, 47-57; Mc 14, 43-53; Lc 22, 47-54; Jn 18, 3-13)
Autor:
EL EVANGELIO CONCORDADO
8.02 Se consuma la traición. El prendimiento. (Mt 26, 47-57; Mc 14, 43-53; Lc 22, 47-54; Jn 18, 3-13)
Hablando todavía, llegó Judas y con él la cohorte y gendarmes proporcionados por los sumos sacerdotes y fariseos, una turba numerosa con linternas, antorchas, espadas y bastones, que venían enviados por los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos del pueblo. Judas iba delante de ellos, el cual había dado una contraseña diciendo:
“A quien yo besare, el es: sujetadle y llevadle bien asegurado”.
Y así que llegó, al punto, acercándose a mí, dijo:
“Salud, Maestro”.
Y me dio un fuerte beso. Le dije:
“¡Amigo, a lo qué has venido!…¡Judas! ¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?”
Sabiendo, pues, todo lo que me iba a sobrevenir, salí a ellos y les dije:
“¿A quién buscáis?”
Respondieron:
“A Jesús de Nazaret”.
Les dije:
“Yo soy”.
Ya Judas estaba con la turba y al decirles “Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra.
De nuevo, pues, les pregunté:
“¿A quién buscáis?”
Y ellos respondieron:
“A Jesús de Nazaret”.
Les dije.
“Os dije que Yo soy. Si, pues, me buscáis a mí, dejad marchar a éstos”.
Para que se cumpliera la palabra que dije: “De cuantos me diste no he perdido a nadie”. Entonces, acercándose, echaron manos sobre mí y me sujetaron. Mis discípulos viendo lo que iba a pasar, dijeron:
“Señor, ¿herimos con la espada?”
Y Simón Pedro, alargando la mano, desenvainó su espada, e hiriendo al siervo del sumo sacerdote, le cortó la oreja derecha. El nombre del siervo era Malco.
Intervine y dije:
“Dejadle, no haya más”.
Y tocando la oreja de Malco le sané. Y dije a Pedro:
“Vuelve la espada a su lugar, porque todos los que empuñan espada, por espada perecerán. ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y pondrá ahora mismo, a mi disposición, más de doce legiones de ángeles? El cáliz que me ha dado el Padre, ¿no lo he de beber? ¿Cómo pues, se cumplirán las Escrituras, que dicen ha de suceder así?”
Y dirigiéndome entonces a los que habían venido contra mí, sumos sacerdotes y jefes de la policía del Templo y ancianos les dije:
“¡Como contra un salteador habéis salido con espadas y bastones a prenderme! Cada día estaba y me sentaba con vosotros en el Templo enseñando, y no extendisteis las manos sobre mí para prenderme. Mas todo esto ha pasado para que se cumplan las Escrituras de los Profetas. Pero esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas”.
La cohorte, pues, el tribuno y los satélites me prendieron y me ataron. Entonces mis discípulos todos, abandonándome, huyeron.
Un cierto joven me seguía, envuelto en una sábana sobre el cuerpo desnudo y le detienen; mas él, soltando la sábana, desnudo, se escapó.
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"Bendígote, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque encubriste estas cosas a los sabios y prudentes y las descrubiste a los pequeñuelos. Bien, Padre, que así ha parecido bien en tu acatamiento". (Lc 10,21).