AUTOBIOGRAFÍA DE JESUCRISTO-9.06 Camino de Emaús. (Mc 16, 12-13; Lc 24, 13-35)
Autor:
EL EVANGELIO CONCORDADO
9.06 Camino de Emaús. (Mc 16, 12-13; Lc 24, 13-35)
Tras esto, aquel mismo día, dos de mis discípulos iban de camino a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén ciento sesenta estadios. Iban conversando entre sí sobre todos éstos acontecimientos. Y sucedió que mientras ellos conversaban y discutían, Yo mismo me aparecí en diferente figura y acercándome caminaba con ellos. Pero sus ojos, inhibidos, no estaban en disposición de reconocerme. Les dije:
“¿Qué pláticas son esas que cambiáis entre vosotros mientras vais caminando? Parece que andáis tristes”.
Y tomando la palabra uno de ellos, llamado Cleopás, me dijo:
“¿Eres Tú el único forastero en Jerusalén que no te enteraste de las cosas que éstos días ocurrieron en la ciudad?”
Yo les dije:
“¿Cuáles?”
Ellos me dijeron:
“Las de Jesús de Nazaret, que fue un Profeta poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo le entregaron nuestros sumos sacerdotes y magistrados para que fuese condenado a muerte, y le crucificaron. Nosotros esperábamos que el era el que había de liberar a Israel. Pero, con todo esto, éste es ya el tercer día desde que estas cosas ocurrieron. Verdad es que algunas mujeres de las que están con nosotros nos sobresaltaron; las cuales estuvieron muy de mañana en el monumento, y no habiendo hallado el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que hasta visión de ángeles habían visto, los cuales aseguran que el vive. Y fueron algunos de los nuestros al monumento, y hallaron las cosas como las mujeres habían dicho. Mas a el no le vieron”.
Yo les dije:
“¡Oh insensatos y lerdos de corazón para creer en todo lo que dijeron los profetas! ¿Por ventura no era necesario que estas cosas padeciese el Mesías y así entrase en su gloria?”
Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les fui interpretando en todas las Escrituras lo que a mí se refería. Y llegados cerca de la aldea a donde se dirigían, hice ademán de seguir adelante. Mas ellos me hicieron fuerza, diciéndome:
“Quédate con nosotros, pues atardece y el día ya reclinó”.
Y entré a quedarme con ellos. Y acaeció que, puesto a la mesa con ellos, tomando el pan lo bendije, y después de partirlo se lo di. A ellos se le abrieron los ojos y me reconocieron; mas Yo me hice insensible a sus ojos.
Dijéronse entonces el uno al otro:
“¿¡Por ventura nuestro corazón no estaba que ardía dentro de nosotros cuando el nos hablaba en el camino, cuando nos habría el sentido de las Escrituras!?”
Y levantándose, a la misma hora se volvieron a Jerusalén, y hallaron reunidos a los Once y a sus compañeros que decían:
“¡Realmente resucitó el Señor y se apareció a Simón!”
Y ellos a su vez referían lo acaecido en el camino y como le reconocieron en la fracción del pan. Y ni a ellos creyeron.
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"Bendígote, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque encubriste estas cosas a los sabios y prudentes y las descrubiste a los pequeñuelos. Bien, Padre, que así ha parecido bien en tu acatamiento". (Lc 10,21).